Hace poco tiempo que Manuel no está, pero la otra noche, mientras la ciudad dormía, alguien se acercaba a mi oído susurrándome con sigilo:
- ¡Oreja, oreja, oreja, despierta dormilón! Hoy te toca a ti ir a comprar el pan...
Oreja y mono, mono y oreja. Eternamente unidos a una misma matriz. Ahora más que nunca desearía ser peter pan y dejar que el tiempo pasase tal cual.
Pero las manecillas del reloj volverán a dar la hora, precisa y exacta, como la música que muere en una caracola. Y el tintineo de las campanas tamizará nuestra percepción del sueño, de cada uno de los recuerdos que muta en realidad y parece resurgir de las tinieblas.
Sí. Todo lo que usted quiere saber sobre la muerte es sencillamente inútil. A todos esos no les queda nada más que eso, existencia. Y es mucho, precisamente, vivir par contarlo.
Manuel es un fuera de serie. Un tipo abiertamente vital que desgrana su sabiduría en la más sensata de todas, la de la calle y los amigos. Me hubiera gustado verlo crecer, aprender más de él. Y lo hago, y lo haré cotidianamente porque siento que me sonríe cuando abro la ventana.
5/11/06
Relato Manual
publicado por
Pedro Chincoa
en
23:55
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2 comentarios:
Manuel ya no está y de él nos quedó su eterna sonrisa.
Yo nunca voy a volver a ser la misma, mi mirada demanda justicia.
Momentos...tantos y tan presentes que cuesta despertar del sueño.
Sueños...únicos momentos en los que vuelvo a sonreir con él, algo que ya nada ni nadie podrá arrebatarme.
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