5/11/06

Relato Manual


Hace poco tiempo que Manuel no está, pero la otra noche, mientras la ciudad dormía, alguien se acercaba a mi oído susurrándome con sigilo:

- ¡Oreja, oreja, oreja, despierta dormilón! Hoy te toca a ti ir a comprar el pan...

Oreja y mono, mono y oreja. Eternamente unidos a una misma matriz. Ahora más que nunca desearía ser peter pan y dejar que el tiempo pasase tal cual.
Pero las manecillas del reloj volverán a dar la hora, precisa y exacta, como la música que muere en una caracola. Y el tintineo de las campanas tamizará nuestra percepción del sueño, de cada uno de los recuerdos que muta en realidad y parece resurgir de las tinieblas.

Sí. Todo lo que usted quiere saber sobre la muerte es sencillamente inútil. A todos esos no les queda nada más que eso, existencia. Y es mucho, precisamente, vivir par contarlo.

Manuel es un fuera de serie. Un tipo abiertamente vital que desgrana su sabiduría en la más sensata de todas, la de la calle y los amigos. Me hubiera gustado verlo crecer, aprender más de él. Y lo hago, y lo haré cotidianamente porque siento que me sonríe cuando abro la ventana.

2 comentarios:

Vera dijo...

Manuel ya no está y de él nos quedó su eterna sonrisa.

Yo nunca voy a volver a ser la misma, mi mirada demanda justicia.

mamea dijo...

Momentos...tantos y tan presentes que cuesta despertar del sueño.

Sueños...únicos momentos en los que vuelvo a sonreir con él, algo que ya nada ni nadie podrá arrebatarme.